Consideraciones éticas sobre el libro electrónico I
Consideraciones éticas sobre el libro electrónico I
Distracción hipermedia
Hay quienes opinan que un libro electrónico no es un libro. La posibilidad hipermedia de los libros electrónicos ofrecen distracciones extras que no existen en un libro de papel.
Estas distracciones nos evitan una lectura fluida y pronostican que se impediría la comprensión clara del texto. Frente a estas opiniones autores, como José Antonio Millán apuestan por una lectura enriquecida… en fondo ¿qué son al fin y al cabo las notas al final de página o capítulo o que sucede cuando acudimos una biblioteca y vamos consultando libros y referencias para cualquier investigación? Suponer que podemos enriquecer cualquier texto con hiperenlaces o vídeos, nunca se puede considerar un atraso, si no todo lo contrario. Con este tipo de contenido, podemos no sólo ampliar información de manera inmediata, si que además podemos generar contenidos más atractivos que fomenten la lectura a jóvenes lectores.
DRM
Otro de las cuestiones recurrentes a la hora de hablar de libros electrónicos es el uso de DRM. El DRM es el sistema por el que se impide la descarga de un archivo en más de un dispositivo. Partimos de la base de que cuando compramos un libro en papel, podemos prestarlo, regalarlo leerlo las veces que consideremos etc… ahora los libros electrónicos con este sistema anticopia, sólo pueden ser descargados y leídos etc un solo dispositivo, por lo tanto no hay posibilidad de prestar un libro comprado. ¿Por qué sucede esto? Evidentemente por la piratería.
La piratería es otro de los grandes temas recurrentes no sólo al libro electrónico, sino de cualquier contenidos digital… películas, música y como no, los libros electrónicos son los grandes damnificados. Así como en el sector musical y el audiovisual, se ha reducido drásticamente, en el mundo editorial todavía no se ha conseguido disminuir. Los modelos de negocio editoriales no se han sabido adaptar a los nuevos tiempos que demandan nuevos modelos de negocio. Sistemas como Nubico o 24symbols no han alcanzado la notoriedad que sí han conseguido plataformas digitales de distribución de video como Netflix o HBO, que con un bajo coste ofrecen un amplio catálogo tanto de películas como de series, ofreciendo además a los usuarios contenidos exclusivos para sus clientes. Un modelo distinto es el que proporcionan plataformas musicales como Spotify, en el que sin tener contenidos propios, promocionan y distribuyen todo tipo de artistas en dos modelos de negocio diferentes: el primero gratuito,en el que cada cierto tiempo de escucha insertan publicidad o bien con un sistema de pago por usuario, del que reciben ingresos directos.
Cualquiera de estas plataformas, gracias a un coste reducido por parte de los usuarios, acompañada de una política gubernamental que ha perseguido la piratería se ha conseguido disminuir la piratería a cifras increíblemente bajas.
El mundo editorial, que sigue pensando en adaptar viejos modelos de distribución a nuevos sistemas, no ha sabido adaptarse, buscando pingües beneficios en los nuevos modelos de negocio. Hay que recordar que tradicionalmente el 55% de los beneficios de un libro se lo llevan las distribuidoras, un 40% la editorial y el 5% restantes, en el mejor de los casos, puede ser para el autor. El mayor gasto en la edición de libros se producen en la impresión y en el almacenaje del stock, lógicamente ambos gastos se eliminan en la edición digital. Aún así el precio de los libros electrónicos apenas tienen una pequeña rebaja de precio con respecto a las ediciones en papel.
Autoedición
Una de las grandes ventajas a dado el libro electrónico es posibilidad de autoeditar sin demasiados gastos nuestros propios libros, creando un nuevo paradigma en la democratización de la edición de libros. Evidentemente, ya hemos hablado antes de la mala edición incluso en libros producidos por grandes editoriales y que se comercializan a nivel internacional. Con la autoedición estos problemas se acrecientan, no deja de ser una profesión realizada de forma amateur, pero mientras vemos que en el mundo de la música, los autores que se autoeditan se forman de una u otra forma en dicha autoedición, en el mundo de la literatura, no es así.
Tenemos herramientas que evidentemente facilitan la tarea, pero siempre hace falta una mínima (o gran) formación para poder autoeditar un libro. Unos conocimientos básicos de maquetación siempre son recomendables, aunque al ser una forma de lectura mucho más lineal (recordemos que no existen páginas como tal, ya que dependerá del usuario escoger una tipografía y un tamaño de letra adecuado a su visión, la edición no va por páginas como en un libro de papel, sino que se hace a texto corrido, más propio de una página web); también conviene tener algunos conocimientos de XML, lenguaje de etiquetado en el que se estructura la información de un libro electrónico, así como CSS para saber modificar los estilos de letra y alguna otra particularidad. La mayoría de los libros autoeditados nos encontramos con textos escritos en algún editor de texto (tipo Microsoft Word) y posteriormente pasado por un conversor de formatos para que nos convierta en algún formato de archivo propio de los libros electrónicos (como Calibre). Este último software, nos permitirá aun así de forma sencilla incluir todo tipo de metadatos e información adicional a nuestro libro electrónico.
En el mejor de los casos (que es lo que suele suceder a nivel profesional), se utiliza la misma maquetación que hemos desarrollado para papel, para ser exportada en edición digital, sin tener en cuenta las características propias del formato al que va destinado. Hay que tener en cuenta que cada medio tiene su propio lenguaje visual, y por tanto no siempre vale lo mismo para un medio que para otro.
Otro de los problemas que nos encontramos en un mundo editorial profesional, es la exportación ya no en formatos ePUB, sino directamente en PDF. El sistema PDF, es óptimo para mantener la estructura y maquetación de la edición impresa, pero es pésima para su lectura en dispositivos, ya que impide la ampliación de la letra o la modificación de los márgenes. Desde el punto de vista editorial, es lo más sencillo y barato ya que la misma maquetación diseñada para el medio impreso es el que se utiliza para la edición digital (aunque originalmente nunca está pensado para esta función). La gran ventaja de los PDFs es que se puede incluir todo tipo de contenido enriquecido, no solo hiperenlaces como el resto de formatos, sino que podemos añadir vídeos, interacciones e incluso juegos…