El nihilismo en nuestro tiempo
El nihilismo en nuestro tiempo
“El hombre puede perder su libertad por un acto de su propia libertad”. Con esta frase Aron Gurwitsch, filósofo lituano nacido en 1901, casi concluye su escrito Sobre el nihilismo en nuestro tiempo, escrito entre 1942 y 1943 originalmente en francés, aunque sería publicado finalmente en inglés en 1945, después de sufrir algunas modificaciones.
A lo largo del texto hace un análisis de cómo Occidente ha llegado a un estado de nihilismo que nos ha abocado a los totalitarismo, sin que hayamos sido capaces de ponerle remedio. Concluye el escrito afirmado: “Si fuimos libres para deslizarnos en esta situación lamentable, todavía somos libres para enderezarnos”.
Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación? básicamente la respuesta de nuestro autor es clara, por dejar de creer en la razón. El hombre ha dejado de ser una animal racional, para pasar a ser solamente un animal, en el que únicamente priman los instintos y no la razón. Las ciencias psicológicas se dedican a estudiar estos instintos y dotar de mecanismos para su control.
La verdad ha dejado de tener interés, ya que de está se ocupa la razón, tal mal vista a mediados del siglo XX. Se nos dice que hay que respetar todas las opiniones y así se disfraza de tolerancia, la indiferencia; con la finalidad de construir una armonía social.
Con el objetivo de contribuir a la felicidad del individuo y de conseguir un bienestar del mayor numero posible de personas trabajan las ciencias psicológicas. Objetivos que utilizarán unas “élites” para someter al resto de las personas. Así con dichos objetivos –la felicidad del individuo y el bienestar social—, se utiliza propaganda en lugar de una honestidad intelectual. No es necesario defender la verdad, solo decir lo que se quiere oír. De está manera una concepción que no es verdadera llega a serla en la medida que se adapta a contribuir en la felicidad de dicho individuo; seguro que Gurwitsch pensaba en la famosa frase de Goebbels “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad.”
Pero claro, la verdadera tolerancia, no es el respeto a las opiniones sin más (que como afirma nuestro autor, esto no sería más que indiferencia); sino que como animales racionales, estamos obligados a analizar, examinar y exponer dichas opiniones en busca de una verdad. Tenemos que estar dispuestos a convencer y a dejarnos convencer.
Como plantea Stuart Mill, todas las opiniones son válidas, y hay que ser tolerantes con ellas, pero eso no significa que todas sean ciertas. Si son falsas, reafirmarán la verdad; si son medio ciertas, nos harán plantearnos en qué punto nuestras certezas están equivocadas y en qué punto son afirmativas; y si son ciertas tendrán que derrocar a las falsas. De está manera la tolerancia nos invita a exponer cualquier opinión, pero no a dar todas las opiniones como buenas. La finalidad es hallar la verdad, ya que la verdad será la que nos hará libres.
La verdadera tolerancia, como afirma nuestro autor, nace de la conciencia de estar expuestos a posibles errores. De tener respeto a uno mismo y a los demás, como seres racionales, en el que no se nos olvide, está, la razón, debe primar.
La libertad del hombre reside en su posibilidad de conocimiento, de está manera, solo a través de la razón: analizando, examinando y considerando las acciones y la historia podremos tomar posición y actuar en consecuencia.
De esta forma volvemos al inicio del comentario en el que recalcaba la frase de Gurwitsch “Si fuimos libres para deslizarnos en esta situación lamentable, todavía somos libres para enderezarnos”. Con este atisbo de esperanza, podemos reconducir el mundo, no ya solo en plena segunda guerra mundial, cuando se escribió, sino en la actualidad, en la que el alzamiento del fascismo en casi toda Europa vuelve a tener fuerza, y el uso de la propaganda por distintos partidos populistas está ganando auge.
Parece mentirá que después de más de medio siglo este texto esté tan vigente y resulte tan aterrador, como alentador. En fin, sigamos pensando que somos libres para enderezarlo.