Agustín de Hipona
Agustín de Hipona
Es el máxinmo exponente de la Patrística. Más conocido como San Agustín, vivió en una época comvulsa entre el año 354 y 430, marcada por del derrumbamiento del Impeio Romano y su división (año 395).
Con una filosofía marcada por el Neoplatonismo de Plotino, una de sus ideas más interesantes, es su concepción del hombre, una concepción dual cuerpo-alma; en la que el alma es la verdadera esencia de cada persona (siendo ésta una imagen de Dios).
El alma oscila entre el bien y el mal, librando a Dios de esta responsabilidad. El mal por si mismo no existe, sino por ausencia y oposición del bien.
¿Entonces, de qué depende el mal?
Pues de la libertad.
Hay dos clases de libertad: El libre albedrío, que nos permite decidir el camino a elegir entre el bien y el mal, y del que si nos dejamos llevar, nos marcará el camino del pecado. Y la verdadera libertad, que siempre nos llevará hacia Dios.
Dotado de ese mismo libre albedrío, Dios creó también recto al hombre, ser viviente ciertamente terreno, pero digno del cielo si permanecía unido a su creador, así como, si le abandonaba, había de soportar de modo semejante la desventura conveniente a su naturaleza.
La ciudad de Dios, San Agustín